EL ESTUDIO
EL ESTUDIO

¡Dispara! Un adelanto del Esqueleto Nº4

19 diciembre, 2016

 

El Esqueleto Nº4 ya está listo, y como prueba de ello adelantamos “¡Dispara!”el cuento que escribió Luis Sisinno para esta edición llamada “Sueños de un esqueleto”. El fanzine lo presentaremos a finales de enero y muy pronto compartiremos los detalles del evento.

Dispara, de Luis Sisinno para el Esqueleto Nº4

mistery

Encuadro. La mano izquierda gira el anillo del foco y el lente me revela su miradaperdida. Una veintena de palomas revolotean a su alrededor. Desesperadas buscan comer de su regazo. La mujer parece no inmutarse, casi ni se mueve, no está aquí: Está en otro lugar. Soy el único que la mira, pienso en disparar. No sé si vale la pena.

Suena el despertador: son las 6.00 de la mañana. Me encuentro en una habitación del Hotel Tibesty en Benghazi. Un roñoso cuarto que ha sido mi casa durante los últimos 3 meses. Hoy comienza mi última semana en Libia. Ayer fue un día duro: hemos despedido a Tim y a Chris. Una veintena de fotógrafos y reporteros nos hemos reunido en un salón del hotel y hemos improvisado un sencillo funeral. No hay flores, nohay viudas, no hay huérfanos que lloren. Sobre sus féretros sólo están sus cámara,porque cuando eres reportero de guerra, nada más tienes.

He sido claro con la Agencia. Una semana y regreso a Barcelona. Sólo una misión más: cubrir el sitio de Sirte, último bastión de las fuerzas pro gobierno en esta locura de guerra. Nada fácil. La poca información que circula, indica que Gadaffi seesconde en algún lugar de su ciudad natal rodeado de sus más leales hombres, y un grupo nada despreciable de mercenarios sudaneses. Los combates son feroces.

Bajo al lobby del Hotel. Afuera me espera el 4×4 que hemos conseguido para viajar a Sirte. Fahrid, nuestro guía e interprete, nos contó que había sido complicado encontrar un conductor en Benghazi que se atreviera a viajar al oeste. Esta ciudad es el único lugar de todo el país donde se puede gozar de relativa seguridad y después de todo lo que han pasado poca gente quiere arriesgarse, así que nos toca pagar una fuerte suma de Euros para compensar el peligro.

Salimos sobre las 7 de la mañana, tomamos la carretera que bordea la costa hacia el sur. Pasamos los primeros puntos de control sin mayor novedad. A ambos lados delcamino vemos los estragos de los combates y de los bombardeos de los aviones de laOTAN. Llegamos a Ajdabiya en menos de dos horas, ahí se nos une Philippe, un reportero de la AFP que nos acompañará a Sirte. Phillipe nos dice que la ciudad está a punto de caer en manos de las tropas del CNT, que es sólo cuestión de tiempo.

Desde Ajdabiya la ruta es hacia el oeste hasta Sirte, unos trescientos kilómetros.A partir de Brega las condiciones del camino empeoran y son mucho más los restos de vehículos destrozados al borde de la carretera. Amasijos indescifrables de metal, sangre y arena.

Phillipe me confiesa que en su larga experiencia como reportero, jamás había estado en una guerra como ésta. Ni las guerras del golfo, ni la de los balcanes, ni Afganistán es como Libia. La de Libia no es una guerra, es un infierno me dice, mientras clava su mirada en la arena del desierto. En Libia la diferencia entre vivir omorir es la misma que hay entre arena y asfalto.

Continúa Phillipe. En medio de un ataque con morteros hay que correr hacia el desierto. Las granadas se las devora la arena. El asfalto nada se traga y devuelve esquirlas y piedras. Yo sólo calló y pienso en Tim y en Chris, ellos no conocieron a Phillipe. Nos acercamos al frente de batalla. Nos detiene un punto de control. Al parecer pertenece a las tropas del CNT, y es que en esta guerra nada se sabe y losbandos en pugna se confunden entre sí. Fahrid se apresura a mostrar nuestras credenciales. Uno de los guardias le informa que sólo queda un punto de control más, a unos 50 km. De ahí en adelante es Tierra de Nadie.

Continuamos nuestra ruta. Somos casi los únicos que nos dirigimos al oeste. Debimos estar muy cerca de Sirte cuando escuchamos el zumbido de unos aviones de combate. Desde que habíamos regresado a Benghazi no escuchábamos su atronador ruido. Rápidamente saltamos del vehículo corrimos a la arena. Los aviones de la OTAN no atacan vehículos solos y el nuestro estaba identificado en el techo, pero era mejor prevenir. Pasaron muy cerca de nosotros a baja altura, pude ver que eran Mirage 2000 franceses. Intenté fotografiarlos pero no pude. Philippe me gritó que volviéramos al vehículo, que esos aviones habían identificado un objetivo y se disponían atacar. No había terminado de decirlo cuando escuchamos las detonaciones. Los mirages habían atacado un convoy no muy lejos de donde nos encontrábamos.

La adrenalina fluye, y mis manos sudan… cambió el objetivo y pongo el lente más largo que tengo. Nos acercamos con cautela. Columnas de humo y unos gritos ahogados al fondo. Luego disparos, ráfagas, gritos y más ráfagas. Dejamos el vehículo. Delas dunas salen soldados rebeldes que corren hacia el oeste. Philippe grita: Press!, Press!. Yo no puedo pronunciar palabra. Un sabor a metal y sal me llena la boca. Mi mano izquierda aprieta el objetivo y la derecha intuitivamente se posa en el disparador. Veo un chico que camina hacia mi, lleva una gorra de los Yankees y un AK47, sus manos están ensangrentadas, todo su cuerpo está ensangrentado, yo sólo disparo, el chico me grita y yo disparo, hay fuego en sus ojos me grita y disparo. Trato de entender lo que me dice. “I kill Gadaffi”, ‘I shoot Gadaffi”, “I kill Gadaffi”, Photo!, You, Photo “I Shoot Gadaffi”. El chico me toma de la mano, y corremos . Un tumulto, decenas de soldados rebeldes patean un cuerpo sin vida, otro amasijo de sangre y arena. El chico sigue gritando “I kill Gadaffi, I shoot Gadaffi. Todos gritan !We shoot Gadaffi, We kill Gadaffi. You Photo Photo. Yo disparo, disparo, yo sólo disparo.

Han pasado 7 meses desde que regresé de Libia y no he salido de mi casa. Las fotosque tomé ese día le han dado la vuelta al mundo pero yo no las he visto más. Hoy me he despertado con un extraño sabor de boca. He ido al estudio y he desempolvado con cuidado, mi vieja Leica. La he cargado con un rollo Ilford 400 Blanco y Negro.

Comienza la primavera en Barcelona y todo cambia de color, vago por la ciudad incapaz de tocar la cámara. Incapaz de ver a nadie. Casi sin darme cuenta llego a la plaza de Sant Felip Neri. Me detengo a mirar el Santo de la Iglesia. Al darme vuelta, la veo. Encuadro. La mano izquierda gira el anillo del foco y el lente me revela su mirada perdida. Una veintena de palomas revolotean a su alrededor. Desesperadas buscan comer de su regazo. La mujer parece no inmutarse, casi ni se mueve, no está aquí: Está en otro lugar. Soy el único que la mira, pienso en disparar… y disparo.