EL ESTUDIO
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Nina, la bailarina que puso en ridículo a la corona

27 septiembre, 2017

 

Rescatamos de la autobiografía de Giácomo Casanova, esta breve anécdota de Nina, la bailarina que puso en ridículo al Conde de Ricla.

Nina Bergonzi llamada popularmente como “La Niña” fue una cantante y bailarina veneciana que residió durante un tiempo en Barcelona a mediados del siglo XVIII alojándose en la Fonda de Santa María.

Fue desterrada de España por consejo del Obispo Josep Climent al Gobernador del consejo y éste en una carta dirigida al regente de la Audiencia, que dio la orden de expulsión y destierro de Nina Bergonzi por ser el amante de Ambrosio Funes de Villalpando y Abarca de Bolea conde consorte de Ricla.

Nina, la bailarina que puso en ridículo a la corona.

Apenas llegada a Barcelona procedente de Portugal, la contrataron de comparsa en los Ballets, pues en lo tocante a dotes artísticos carecía de ellos; lo único que sabía hacer era la rebaltade, una especie de salto hacia atrás junto a una pirueta. La primera noche que bailó, en el patio de butacas la aplaudieron muchísimo, porque al hacer la rebaltade enseñó los calzones hasta la cintura. Y en España existía por entonces una ley que condenaba a un escudo la multa a cualquier bailarina que enseñe los calzones al público. Nina, que no sabía nada, al ver que la aplaudían repitió la pirueta con ahínco; pero al final del ballet, el inspector le dijo que se quedaría con dos escudos de su salario para pagar sus desvergonzadas volteretas. Nina echó pestes y maldiciones, pero no pudo hacer más.

¿Sabéis que hizo al día siguiente para eludir la ley y vengarse?

¡Pues bailar sin pantalón! Hizo la rebaltade con el mismo ímpetu, lo cual causó un tumulto en el patio de butacas y un regocijo como no se había visto nunca antes en Barcelona. El Conde de Ricla, habiéndolo visto todo desde su aposento, se sintió a la vez dominado por el horror y la pasión y mandó a llamar al inspector para decirle que había que castigar ejemplarmente a aquella atrevida de forma más rigurosa que con simples multas. “Para empezar – añadió – traédla a mi presencia”. Y así tenemos a nina presentándose en el aposento del virrey preguntándole con todo descaro que qué quería.
_“Sois una impúdica y habéis faltado al público”.
_“¿De qué modo?”.
_“Dando el mismo salto que ayer”.
_“Cierto, pero no he olvidado vuestra ley, ya que nadie podrá decir que me ha visto los calzones, pues para estar segura de que no me los ibais a ver no me los he puesto. ¿Podía hacer más por vuestra maldita ley que, por sorpresa, ya me ha costado dos escudos? Contestadme”.

El virrey y todos los presentes hubieron de morderse los labios para evitar la risa, ya que en el fondeo, Nina tenía razón y la discusión sobre la ley violada se había tornado ridícula.

Fuente: Biografía de Giacomo Casanova