EL ESTUDIO
EL ESTUDIO

Pensamiento crítico y pensamiento propio

24 marzo, 2014

 

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Anoche comencé a ver House Of Cards, del capítulo 1 al 6 sin pestañear, embobado con el guión, los personajes y esa capacidad de trazar una línea tan fina, si es que la hay, entre la realidad y la ficción.

 

En el capítulo 6, Frank Underwood congresista americano y protagonista de la serie, necesita desactivar una huelga docente que se provoca a raíz de una reforma educativa muy controvertida. Pero Frank tiene suerte, un huelguista, presuntamente, arroja un ladrillo por su ventana. Este acto de violencia le resulta suficiente, el ladrillo y los medios de comunicación serán el pack perfecto para que la huelga cese.

Para la opinión pública, romper un cristal con un ladrillo (tendría una pena muy menor y una multa por vandalismo) es un crimen imperdonable, mucho peor que destrozar la vida de millones de maestros o desmoronar la educación pública del país.

La información que recibimos sobre estos dos hechos están tan separada, se desvinculan tanto uno del otro que ya no conviven, no tienen nada que ver. No nos permite ver la situación como un todo, sino que nos empuja a valorar los hechos de forma aislada. El ladrillo pasa a ocupar el centro de la escena, la educación, ya pasa a segundo plano.

El tema, es que Frank no tiene forma de probar que haya sido un maestro quien arrojó el ladrillo, ni que el delegado sindical lo haya enviado. Pero sabe que nada de esto hace falta, solo había que resumir el hecho en una frase compacta, un poco ambigua, sujeta a suspicacia e incomprobable. Una frase que cupiera en un tweet, en un titular del periódico, que se regara como la pólvora en los cafés por la mañana, en los bares por las noches, en las cenas familiares y en los domingos de fútbol durante el entretiempo del partido.

La frase que Frank le pide a su reportera comprada que publique en el Herald es: “Trabajadores desorganizados”. Es decir, el sindicato ha perdido el control de sus tropas.

La escena se traslada al día siguiente, Frank hace zapping desde su oficina y mira con orgullo como cada presentador de tv, radio y periódico repite las palabras mágicas: “Trabajadores desorganizados”.

La mentira se transforma en información, la repetición infinita de la mentira se transforma en verdad. Y la verdad no se discute.

En una época en la que la información viene resumida en un tweet y que el tiempo que dedicamos a profundizar sobre ella es…yo diría que cero segundos, lo mejor para no meternos en demasiados líos es darla por cierta. Cuando damos por cierto algo, se transforma en nuestra propia opinión y nuestra opinión suele ser inamovible.

Estamos construyendo una realidad sobre la base de la repetición. Si todo el mundo lo dice, debe ser así, pero ¿quién es todo el mundo?, esta idea es tan abstracta e inabarcable que no merece ser pensada, es todo el mundo, y punto. En el caso de House Of Cards, todo el mundo es una ambiciosa becaria de periodista que sigue las instrucciones de Frank.

Estoy pensando en voz alta otras frases que Frank pudo haberle dicho:

“Vivimos por encima de nuestras posibilidades”.

“Era esto o la debacle”.

“Hemos salido de la crisis”

“Es la única solución posible”

“Es un remedio amargo pero el paciente lo necesita”

Todas frases ambiguas, incomprobables, pero repetidas infinitamente hasta convertirlas en la verdad absoluta.

Nuestra capacidad de analizar qué se dice, quién lo dice y por qué, de interesarnos por las cosas que influyen de manera más o menos directa en nuestra vida, se ha desvanecido en manos de las dificultades diarias, de la tremenda y pobre coyuntura en la que nos toca vivir.

En estos términos que expongo, la realidad no es una construcción social en la que todos participamos, la realidad es una ficción unidireccional. Una puesta en escena que ocupa el espacio que nosotros mismos hemos dejado libre.

El pensamiento crítico valora una información de acuerdo al análisis del discurso, del emisor y del contexto, busca lo opuesto para contrastarlo, establece enfoques complementarios, lee las opiniones más diversas y se permite, por un  instante, hacer convivir a todas ellas en un mismo plano. No es un mero receptor pasivo de los datos.

El resultado de todo este proceso, es adquirir un pensamiento propio sobre ése tema y elaborar una respuesta, una acción. Así es como la información se convierte en conocimiento, y el conocimiento en un recurso a utilizar.

La realidad se construye en planos superpuestos y entrelazados, es de una complejidad difícil de ver a simple vista. El pensamiento propio constituye una idea, un enfoque construido a partir de una serie de elementos que se combinan, se organizan, y reorganizan, es una suma de variables en movimiento que están en constante transformación, porque siempre habrá un elemento nuevo sobre la mesa que pueda modificarlo.

Lo que quiero decir con esto, es que el pensamiento propio también es inestable, y debe serlo si queremos que nuestras ideas evolucionen.

Por eso, el pensamiento crítico no es solo hacia afuera, la propia convicción sobre algo debe estar sometida a examen, sino, será solo una frase más que te repites a ti mismo, será una verdad que se transformará en mentira.

Todo esto Frank lo sabe bien, intuyo que muchos otros personajes (¿de ficción?) que conocemos, también.

Por mi parte, prometo revisar todo lo escrito en unos meses para avisarles si he dejado de estar de acuerdo conmigo mismo.