EL ESTUDIO
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Rituales creativos. Las rutinas cotidianas de los artistas (2/3)

9 julio, 2015

 

Seguimos repasando el gran libro de Mason Currey “Daily Rituals” , en el que nos cuenta las rutinas cotidianas de algunos de los grandes artistas de la antigüedad y de la actualidad.

Woody Allen (1935)Woody-Allen

“He descubierto a lo largo de los años que cualquier cambio momentáneo estimula un nuevo brote de energía mental. De modo que si estoy en esta habitación y luego entro en la otra habitación, eso me ayuda. Si salgo a la calle, eso me ayuda muchísimo. Si me levanto y me doy una ducha eso ayuda mucho. Así que a veces me ducho repetidamente. Estoy aquí (en la sala) en medio de un impasse y lo que me ayuda es subir y darme una ducha. Eso lo corta todo y me relaja.

La ducha es especialmente buena cuando hace frío. Esto suena muy tonto, pero a veces estoy trabajando vestido como ahora y se me ocurre meterme en la ducha a modo de sesión creativa. De modo que me quito parte de la ropa y me preparo un bollo o algo e intento enfriarme un poco para que me den ganas de entrar en la ducha. Me quedo debajo del agua bien caliente unos treinta minutos, cuarenta y cinco minutos, analizando ideas y trabajando en la trama. Entonces salgo y me seco y me visto y luego me apoltrono en la cama y sigo pensando allí. Salir a caminar también es algo que me funciona y mucho”.

Edith Sitwell (1887 – 1964)edith-sitwell--644x362

Cuenta una leyenda que Edith Sitwell se tumbaba un rato en un ataúd abierto antes de comenzar su jornada de trabajo; este pregusto de la tumba supuestamente le inspiraba sus macabras obras de ficción y su poesía. Comenzaba a trabajar a eso de las cinco o las seis, ya que éste era el “único momento en que con seguridad habrá silencio”.

René Descartes (1596 – 1650)rene-descartes

Descartes se levantaba tarde. Al filósofo francés se le gustaba dormir media mañana, y quedarse en la cama, pensando y escribiendo, hasta las once más o menos. “Aquí duermo diez horas cada día sin que ninguna preocupación me perturbe. Y después de que mi mente haya vagado en sueños por bosques, jardines y palacios encantados donde experimento todo placer imaginable, me despierto mezclando las ensoñaciones nocturnas con las diurnas”. Estas últimas horas matutinas de meditación constituían su único esfuerzo intelectual del día; Descartes creía que el ocio era esencial para todo buen trabajo mental, y se ocupaba de no agotarse demasiado. Tras un almuerzo temprano, salía a caminar o se reunía con amigos para conversar; tras la cena, despachaba su correspondencia.

Friedrich Schiller (1759 – 1805)   3707433045

El poeta, historiador, filósofo y dramaturgo alemán tenía en su cuarto de trabajo un cajón lleno de manzanas podridas; decía que necesitaba de su olor putrefacto para sentir la urgencia de escribir. Además, como no soportaba que lo interrumpieran, escribía casi exclusivamente por la noche. En verano prefería trabajar al aire libre, junto a su casita con jardín en las afueras de Jena, Alemania.

Al sentarse frente a su escritorio por las noches, acostumbraba a tener cerca café fuerte, o chocolate de licor, o más frecuentemente una frasca  de vino añejo del Rin, o champaña, con los que reparar de vez en cuando su agotamiento. A veces los vecinos lo oían declamar con vehemencia, en el silencio de la noche, y quien quiera que tuviese oportunidad de verlo en tales circunstancias, cosa muy fácil de hacer, lo vería ora hablando en voz alta y caminando raudo de un lado a otro de su despacho, ora dejándose caer de súbito en su sillapara escribir y bebiendo mientras tanto.